Envejecer...
Fui a buscar al amigo que ocasionalmente ayudo. Un anciano de 89 años. Esta ocasión para acompañarlo al médico. A veces lo hago solo para darle un poco de compañía. Como muchas personas de la tercera edad, padece falta de atención familiar en muchos sentidos. Producto del pasado o del contexto presente. Del choque generacional de valores.
Como sea, es un deterioro mayor de la calidad de vida justo cuando todo lo que significa estar vivo declina en sus significados.
Lo hago no solo por compasión o lastima, también por la vergüenza extraña que me produce ser parte de esta generación de la humanidad y su cultura egoísta. Tal vez lo haga para no sentirme igual que los demás; que a veces desprecio o sentirme superior. O todo junto. Pero más que nada estoy consciente, por la necesidad de aprendizaje. Ver reflejado mi destino inexorable en contraste con la perspectiva de un hombre medianamente joven que aun soy. Curiosidad Intelectual.
A menudo escucho en los discursos políticos actuales en este país, la importancia para la sociedad de los ancianos en la institución familiar. Su valor como depósito de valores culturales y morales. En estos se toma como referente a comunidades rurales indígenas del sur del país, que a pesar de las tensiones sociales del mundo actual, aún conservan sus modos y costumbres. Gente pueblos y ciudades no muy grandes.
Pero la verdad que esa parte del tejido social poco a poco se va erosionando. Y mi amigo es un testimonio vivo de ese proceso. Tal vez por esa nitidez en su persona, todo esto me es tan interesante.
Con él puedo observar el futuro de nuestra generación y el de nuestros padres. Viviendo ya con otras reglas y valores. Otras “normalidades”, porque todo esto a fuerza de simular que no sucede tan a menudo; se va convirtiendo en una convención más.
La edad de envejecimiento aumenta y las condiciones materiales de la sociedad cambian. El ritmo de vida se acelera y el egoísmo se recrudece. En estas alturas de la tercera edad, esto significa Soledad.
Admiro de él su salud y lucidez, extraordinaria en una persona de esa edad.
Pero paradójica y lamentablemente también es el mayor problema. La característica de conservar el sentido de vivir, la voluntad de reafirmarse. Suelen ser atributos deseables en nuestra cultura contemporánea al respecto del adulto mayor. Pero de alguna manera también me parece contradictorio a la visión tradicional de nuestra mexicanidad, donde se pretende poner al anciano es una especie de nicho en el hogar. Al que se debe reverenciar y conservar. Es el lugar que se espera. Y como en el caso, cuando no se tiene, por una o por otra, eso produce un gran sufrimiento emocional. Y exigirlo a personas de la familia que viven con otras pretensiones, presionadas por los estándares de la vida actual, produce aún más distanciamiento.
La percepción de nosotros mismos en nuestra generación, cambia haciéndonos eternos jóvenes. Somos padres o abuelos, tenemos profesión u otros roles, que nos absorben tratando de llegar a la realización o plenitud personal. Con esto prevalece nuestra identidad de jóvenes adultos, conservando los momentos donde más potencia tenemos para crear, incidir en el mundo y percibir nuestras emociones de satisfacción con mucha intensidad. Esta imagen de nosotros mismos se sedimenta.
A veces inculcamos en las nuevas generaciones seguir esta dinámica. Cuando nos percatamos, no hemos tenido tiempo de cultivar los valores familiares en nosotros ni en ellos para cuidar del más viejo. La cultura del egoísmo positivo que en los momentos de juventud no le damos importancia.
Cuando la edad nos resta fuerza y movilidad, algunos no sabemos cómo gestionar ese cambio. Suele ser una etapa dura donde se visibiliza un camino tedioso hacia la muerte. La impotencia y la frustración de no sentirse tener los elementos de sentido para la ‘vida’ según lo habíamos planteado. Estos son factores de depresión. Muchas personas mayores mueren en medio de este estado de vulnerabilidad e invalidez.
Le conocí en una etapa semejante, en proceso de abandono de sí mismo. En conflicto familiar por no ver refractado su necesidad de ser la parte central en el grupo. En casa, sí. Pero con todos los demás fuera en sus actividades sociales y personales.
En su época de esplendor me parece percibirle como una persona algo arrogante, acostumbrado a controlar e imponer decisiones. Esto también producto de la cultura machista de su generación. Que dictaba como ser hombre frente a la vida, mujer y la familia. Verse relegado le ha hecho infeliz.
Desde entonces me considero su amigo, uno de pocos porque parece que tampoco su carácter le ayuda demasiado para tener otras relaciones de afecto. Demasiado orgullo para visibilizar sus sentimientos con extraños. Trato de ofrecer con mí amistad algún tipo de compañía, sé que no puedo hacer mucho, solo eso; acompañar.
En la semana busco siempre darme un tiempo para conversar, animarlo y reflexionar sobre actitudes y situaciones que han pasado en su relación familiar y han creado un resentimiento detrás del cual se esconde la justificación, para rehuir a la reflexión que pueda generar un cambio en su situación.
Me he dado cuenta que el triste cuadro de total abandono y maltrato emocional, que hice al inicio en nuestras pláticas, es más un auto interpretación de sí mismo. Creo que en general subyace la frustración ante los cambios. Pero la sensación sobre la falta de atención a su persona es real, como el distanciamiento físico entre ellos. Tampoco creo sea falta de afecto. El amor existe como única cosa tangible pero a veces es inalcanzable porque nuestra cultura personal, familiar, idiosincrasia o solo Dios sabe, se interponen entre nosotros para acceder a el.
Creo he tomado para mí, la labor con respecto a él, de ayudarlo a construir nuevas formas para una relación donde él no sea considerado como intratable por su carácter y demandas mal expresadas y que el aislamiento físico y emocional no sea un abandono real.
Sin embargo todo esto es mi apreciación personal y simplista. Reconozco que en la realidad, la situación debe ser mucho más compleja e implica toda una historia en común donde los desencuentros al final facilitan el sufrimiento mutuo. Como he aprendido que sucede en la mayoría de nuestras experiencias emotivas.
Lo veo y lo escucho mientras me veo en introspectiva de mi pasado y futuro. Él casi siempre es negativo, evade responsabilidad y culpa. Repitiendo patrones de reacción emocional aprendidos culturalmente. Yo también me he justificado ante el dolor que da sentir.
Sin embargo al observarle, reconozco muchos cambios desde nuestro primer día, hace meses. Esta vez no trato de convencerlo o repetir los mismos consejos. Cambiar para cualquiera es un acto de vida muy difícil y especialmente duro para una persona de esa edad. Pero quiero creer –más por mí– que esto no es algo imposible. Me parece redundante lo que puedo decir así que callo mayormente y solo interrumpo para darle alguna pauta para que continúe hablando.
Es un hombre inteligente y experimentado en la vida. Ambos hemos vivido un proceso interesante de intercambio de ideas.
Mientras lo hago me alegro por dentro percibiendo que la depresión, el auto abandono y el alejamiento familiar se han suavizado un poco en ocasión de las fiestas navideñas, que acaban de pasar. Por iniciativa de la familia que lo ha incluido en sus celebraciones. Esto me alegra y me ha proporcionado un cuadro más completo.
Aun así, lo percibo insatisfecho. Tal vez percibiendo que todo esto es por las fechas y estas pasan y el aburrimiento se queda. Porque al pasar las festividades ellos retoman sus actividades como todo mundo y mi amigo regresa a su soledad cotidiana, las mismas quejas. Observo que se aleja nuevamente de su familia y me parece que demostrar su insatisfacción, vuelve a provocar actitudes negativas y un trato áspero.
En ese momento de la conversación puedo no verlo como víctima, a pesar de su vulnerabilidad de anciano. Si no como participe de una dinámica de auto sabotaje.
Siento una revelación profunda. El hombre se siente solo sin serlo completamente.
Me sentí perfectamente identificado hoy y en una visión próxima de mi futuro.
En esta parte de la conversación, llegamos a la conclusión que la atención y compañía deseada corresponde más a la cercanía que debe representar una pareja, la más genuina la esencia de cercanía. Retoma el tema, contando su experiencia con sus parejas.
Mientras escucho, entiendo que la ausencia de esta figura en la vida de ambos, nos presenta sufrimiento porque es el significado de la familia. Cada uno, por diferentes razones nos encontramos en la misma situación.
Esta es una de las ocasiones en que de verdad me reconozco y no solo me invento o justifico la persona que soy o deseo ser. Yo también me siento solo –y lo estoy– sin estarlo realmente. Mis actividades y juventud aparentan aun con éxito, que no es así o no es importante. Como si lo fuera ser solamente un hombre funcional. Pero cada vez más aislando, reduciendo con actitudes en el número de personas que considero íntimas.
Es inevitable recorrerme y hacer un resumen de mí mismo.
Han pasado algunos días de cumplir cuarenta y siete años. Recibí llamadas y palabras de felicitación, mensajes en redes sociales y WhatsApp todo el día. Recordando a cada persona que lo hace a su vez y toma un tiempo para hacérmelo saber.
Incluso lo hacen personas con las que poco tengo comunicación por la distancia y el tiempo. Y porque en nuestra relación hay cosas dolorosas provocadas por mí. Todas amándome sinceramente y todas importándome a mi manera. Sin embargo con la mayoría me comporto distante y no solo por la lejanía, sino en sentido emocional. No siento que les corresponda justamente y eso me hace sentir culpable.
Sé que este espacio donde me siento solo, puede ser mi percepción únicamente. Hablando con mi amigo, la verdad emerge. Y No quiero estarlo. Por primera vez siento la necesidad de creer que debo hacer algo, consciente que no deseo continuar con esta sensación de mi vida.
Así como le veo, me puedo ver. ¿Qué situaciones me han llevado hasta ese momento prolongado hasta ahora? ¿Por qué mantengo actitudes egoístas que me encierran en mi propia forma de ver el mundo?
Me escucho confesándole mis pensamientos. Agradeciendo que es él quien involuntariamente me ha ayudado con eso.
Por primera vez siento que puedo avanzar…
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