Hogar

 

Hogar.

El Hogar es en esencia la sensación de sentido y pertenencia. No solamente un espacio físico, una casa, personas o un lugar que nos da identidad. Son los vínculos trascendentes que se establecen entre nosotros y el mundo cuando nos formamos como personas.

En el imaginario de lo deseable, estos lazos debieran ser  de afecto. Pero muchas veces,  en la actualidad compleja y  complicada suelen ser un lugar íntimo en el pasado al cual se evita ver y volver. Parte de la devastación de lo que hoy llamamos el tejido social. 

Personalmente el único hogar que conocí fue mi infancia, sin idealismos  ni la romantización utópica de la niñez. Me refiero simplemente al lapso de tiempo donde  aún no era  el responsable de mi entorno. Y terminó tajante. Aunque su final no fue algo fortuito o precipitado. Sino producto de una crisis familiar permanente.

   Se puede migrar, cambiar de estilo de vida con el  tiempo, vivir en un carromato, ser criado por una persona o algún grupo, sin relación de parentesco y  tener esa sensación de Hogar. La carencia no es una limitante. O vivir con todas las comodidades convencionales y relaciones personales atadas a la familia largamente, y sin embargo sentir su ausencia. Hogar es un espacio vital para desarrollarnos como seres humanos satisfechos de la vida.

Carecer de esta sensación nos obliga a convertirnos en seres egoístas, por decir lo menos. Siempre buscando sustitutos. Utilizando a el mundo y los demás como un medio para resarcir el miedo a la soledad y el vacío.

Hoy, que el contexto de la sociedad, genera miles de desplazados por las problemáticas de la violencia y la institución de  la familia ha cambiado determinantemente su papel de formación, debiéramos plantearnos un debate serio para defender este Derecho natural, parte esencial de la naturaleza de nuestra sociedad. Sería algo verdaderamente civilizatorio.

La violencia generalizada en la estructura del mundo y la mayor parte de sus problemas. Podrían sintetizarse y solucionarse, garantizando el derecho a la formación de un Hogar a la gente que carece de esa formación vital. La cultura económica de nuestra sociedad, que anteponemos en importancia, nos dice que  en teoría  nada le impide a una persona adquirir uno propio, pero la realidad es completamente diferente.

Derecho a la vivienda,  permanencia de los modos de vida, preservación de los  ecosistemas, defensa de la infancia, analizar y considerar a las comunidades como conjunto y garantizar los recursos para su subsistencia. Considerar desde esta perspectiva los problemas sociales para la solución a plazos generacionales. Debieran convertirse en la principal ocupación de la actividad económica y política de la Humanidad.  

       

 

 Ante todo, Hogar es habitar un espacio no Hostil. Así sea dentro de un entorno caótico.

La ansiedad acumulada desde que tuve consciencia, intuyendo el desenlace de mi familia,  la inmadurez para enfrentar los cambios, dejó   impresos una amalgama de impulsos emocionales  que me confinaron  a un estado de  egoísmo primitivo. Existe un debate entre el pesimismo y la agresividad. En esto me considero un reflejo generacional que identifica a mucha gente hoy día.

Tal vez  el pánico a estar por fin definitivamente solo,  cargando mi destino, sin  recursos materiales y de formación, borraron el peso afectivo de la gente de mi entorno familiar. Por mucho tiempo les olvide y a decir verdad no sé si he regresado alguna vez con ellos.

 El maltrato genérico, aleatoriamente constante, reflejo del ambiente social y percibido en mi corta historia, hicieron ambiguos mis sentimientos hacia los otros.

Hogar para mí,  se relaciona con el recuerdo de una sensación  tal vez a los seis o siete años. No tanto a su impresión. Más exactamente con la sensación del faltante.

A partir de ahí, la sobrevivencia y  autodestrucción se potenciaron  en la adolescencia y juventud. El no estar con personas conocidas. Generaron sentimientos de culpa, principalmente por mis hermanos menores –también para ellos debió ser un golpe duro, aun hoy, se cuela alguna forma de reproche de mi abandono–.

La culpa genera remordimiento y todo eso dolor. Nos escandalizamos del grado de violencia y degradación inhumana, al que ha llegado parte de nuestra sociedad humana, sin empatizar realmente el peso de personas carentes de un sitio emocionalmente estable. Llámese familia, pueblos, ciudades o países.

El  cómo se definen las emociones de un niño en el entorno familiar es determinante. Si bien es cierto que el proceso de vida de una persona es una paleta de emociones que se alternan diariamente, existe una orientación cardinal que define nuestra calidad de vida.

Un Hogar es un entorno seguro. De ahí la explicación de cómo está en proceso una cultura de dominación individualista, por medios violentos y económicos cuestionables de las generaciones actuales. La criminalidad y la violencia, alcanzan niveles de brutalidad epidémica entre las clases más desposeídas. Subsanar o crear un entorno y dominarlo para poseerlo a costa de cualquier medio, son remedios polarizados para aliviar  la incertidumbre existencial, percibida desde el espacio familiar. 

Podemos mirar a nuestro rededor e identificar el mal de este tiempo.  Soy como muchos otros, a los cuales las circunstancias sociales de la vida, violencia en todas sus formas: pobreza, falta de educación formal y de valores. Han convertido en un hombre sin hogar. Funcional pero no muy diferente en esencia a los sintecho. Igualmente, consiente de mis capacidades humanas, de alguna forma a pesar de mis logros personales; soy la antítesis viva de lo disfuncional de los valores convencionales de éxito económico, laboral o intelectual. Corroborando que en alguna parte tengo razón con lo que ensayo mientras escribo.

 Ya en la vida adulta, el pesimismo y la desesperanza se  disfrazaron de  desprecio racional, al sinsentido que veía en la vida. Desapego emocional a mí mismo y a mis semejantes, a pesar de mi racionalidad cristiana y altruista.

 El sentimiento exacerbado de incertidumbre al futuro nunca me  abandonó y eso se puede identificar en miles de personas a mí alrededor.. Algunos satisfechos, otros resignados y otros en franca autodestrucción. Hoy la realidad social del planeta, está gestando miles de millones más.

 

En su momento, reencontrarme de nuevo a lo largo de la vida, con mi identidad y mi sangre, instintivamente tratando de recuperar esa sensación de pertenencia. Incorporo a mi vida a personas que me aman e incluso sostienen lo que soy de muchas formas. Sin yo entender cabalmente sus motivos, desconectado emocionalmente.

A la vez he descubierto  que la consciencia de esta ausencia,  puede descifrar el vacío de sentido existencial que  provoca incertidumbre y sufrimiento a uno mismo y al entorno.

Todo esto puede sonar trillado o explicado ya con otros conceptos de diferentes áreas.

Pero  hablo desde un sentimiento básico. Las personas afectadas carecen de los medios cognitivos para entender por si mismas la situación. Como me ha sucedido a lo largo de estos cuarenta y tantos años.  Cada ayuda exterior: psicología, espiritualidad, psiquiatría, sociología, proponen acercarse al problema y a los afectados introduciendo valores extraños para ellos, manejados por otros. Esperando una reacción positiva.   

Las personas como yo, padecemos y anhelamos, sin ser conscientes un espacio vital que podemos llamar Hogar. El individualismo de esta época, nos obliga a pensar que uno mismo puede ser autosuficiente para convertirse en su propio fin, la responsabilidad que ponemos sobre nuestros hombros, nos ha llevado como sociedad  a pensar que obteniendo elementos materiales o de sentido, se puede llegar a un estado de vida aceptable. Todo esto carga a la mayoría de la humanidad de presión social, frustración y culpa Por no lograr llenar este hueco. A pesar que la propaganda comercial nos ofrece parámetros, ejemplos y herramientas.

Se necesita, según mi experiencia, ser conscientes para analizar nuestro contexto familiar. Esto también nos produce sentimientos de culpa y  se extiende primero hasta culpabilizar a otros miembros. Juzgar a la familia es juzgarse uno mismo. Reitero que  hablo de sentimientos y emociones. Es necesario transitar por esa etapa de responsabilizar, para reconocernos y justificar que a su vez, todos de una forma u otra somos parte de una cadena histórica de personas afectadas por un entorno social que nos empuja a sentirnos racionalmente solos…   

 

 

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